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EL HOMBRE

 

"El hombre no tejió la trama de la vida: él es sólo un hilo.
Lo que hace con la trama, se lo hace a sí mismo....
Esto sabemos:  Todo va enlazado como la sangre
que une a una familia. !Todo va enlazado! ".


Jefe indígena Siux Seathl

Desde que apareció la vida en la Tierra se han producido muchos cambios y el sistema ha tenido que reorganizarse muchas veces. Se dieron períodos naturales de evolución rápida y de extinciones masivas, donde surgieron nuevas especies que evolucionaron adaptándose al medio y desaparecieron otras como parte de pequeñas acciones equilibradoras. La vida siempre se ha protegido a sí misma, reorganizándose para seguir adelante.

Cuando el hombre apareció en la Tierra, se encontró con una naturaleza intacta, lujuriante y salvaje, quizá perfecta. Por todas partes fluía la vida que parecía estar en su apogeo y abundaban riquezas naturales que evolucionaban y se interrelacionaban sin interferencia alguna. Eran el agua, el aire, los bosques y miles de seres que habitaban todos los ecosistemas que la Tierra proporcionaba. En aquel escenario prodigioso el hombre desnudo y débil, apropiándose sólo de lo necesario para subsistir, era un eslabón más y carecía en verdad de incidencia en la balanza que marcaba el equilibrio biológico.

Un hombre que poseía un cerebro inteligente, creador, capaz de asociar los hechos y acumular experiencia, en poco tiempo dejó de ceñirse a su papel y aunque carecía de los medios que poseían los grandes predadores, no tardó en imponer su voluntad y convertirse en la más voraz de todas las especies. Pasó de simple colector a empresas más dinámicas, se hizo cazador y pescador, aprendió a fabricar y manejar armas cada vez más mortíferas, comenzó a trabajar en equipo y se hizo agricultor y pastor. Abandonó el nomadismo para formar núcleos familiares y así poderse rodear de comodidades. Procuró -y en alguna forma lo logró-, que la naturaleza fuera hacia él, lo rodeara y estuviera al alcance de su mano.

Emprendedor, inquieto, ambicioso y soñador, trascendió las grandes barreras que podían obstaculizar su expansión, navegó los mares y escaló montañas. No se detuvo ni ante las grandes variaciones climáticas que detienen a casi todos los otros seres vivos, ya que creó técnicas que le permitieron extender sus dominios hasta los confines de la Tierra, habitando hasta las más inhóspitas regiones. Rectificó el medio de una manera más favorable y comenzó a predecir los procesos ecológicos que podrían garantizarle cuando sembrar o segar y así lograr sobrevivir

Comenzó a desarrollar un interés muy particular por el conocimiento del medio ambiente y de sus recursos naturales con fines de subsistencia, y aunque al principio de la humanidad su acción no representó ningún daño considerable para la naturaleza, la sobreexplotación de los recursos naturales en las diferentes zonas de vida y la no utilización de prácticas de conservación, trajo como consecuencia la rápida degradación de muchos ecosistemas de los cuales la mayoría son difíciles de recuperar.

En busca de bienestar degradó la esencia de su vida alejándose por completo de su Madre la naturaleza. Perdió todos los vínculos que le unían a ella y los instintos de supervivencia fueron rápidamente cambiados por la riqueza no planificada. Actuó como si no supiera nada del medio en que vivía, y no conociera su propiedad de ser predecible, manejándolo desordenada y caprichosamente. Olvidó lo aprendido, como los procesos ecológicos que le tomaron tanto tiempo comprender, y se dedicó a conquistar todo el planeta. Su cerebro inteligente, creador y soñador lo llevó más allá de los confines que la Madre le había otorgado. Olvidó su posición ecológica específica y la naturaleza en un acto de reproche retrocede donde él adelanta, el suelo mismo agotado por las siembras repetidas y el mal manejo de la tierra a la que se priva del ciclo natural de la fertilidad, disminuye su poder productivo o deja de producir, afectando toda la cadena que hace parte de él

La expansión de los núcleos familiares que dieron como resultado las sociedades modernas, al irradiarse desmesuradamente trajo consecuencias inimaginables al medio ya que destruyó la armoniosa interrelación de los organismos que durante milenios habían evolucionado y convivido en perfecto equilibrio. La supervivencia comenzó a ser una tarea difícil en la que el ser vivo ha de encontrar el equilibrio perdido, retomando prioridades y cambiando de actitud con respecto a su posición negligente con el medio.

Estamos en una cuerda floja y aunque nuestra inteligencia ha superado muchos obstáculos, todos los días nuevas presiones ambientales cambian el rumbo de nuestra cuerda, recordándonos que hagamos lo que hagamos con el planeta es improbable que desaparezca toda la vida en él. Somos sólo una especie más de las miles que evolucionan silenciosamente, y nuestra supervivencia no está segura.

El deterioro ambiental tiene profundas raíces y a menos que éstas se arranquen de cuajo corremos el riesgo de caer de esta cuerda floja que a diario nos agobia, sobre todo allí donde el sustento de las personas depende directamente de la base de los recursos renovables de su entorno. Nadie puede poner freno al avance de la civilización, eso ya lo sabemos, pero debemos proceder con prudencia e inteligencia y aprender mucho del comportamiento animal, con el fin de armonizar dentro de lo posible con la naturaleza.

Es irracional explotar la fauna y la flora hasta el agotamiento ya que el hombre posee genéticamente el instinto de conservación que la Madre naturaleza le entregó para vivir al lado de todas las especies.

Es puro instinto.

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Este proyecto ha sido concebido pensando en las posibles semillas del hombre que como en las selvas húmedas cada vez tienen mayores dificultades de dispersarse y encontrar un buen suelo donde crecer, debido a que todas tienen una misma lucha: alcanzar la luz.

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